martes, 26 de septiembre de 2017

Reflexología y tiroides

Con motivo de la Semana Mundial de la Reflexoterapia, he tenido el placer de ofrecer dos jornadas en el seno de Bio c'Bon en Toulouse, tienda de productos orgánicos y complementos alimenticios, en que sus clientes han podido disfrutar de pequeñas sesiones introductorias de veinticinco minutos para conocer esta técnica. Yo he tenido la oportunidad de comprobar, de nuevo, que los pies pueden hablar del cuerpo literalmente.


Para aquellos familiarizados con la cartografía de los puntos reflejos del pie, la foto habla por sí sola. Para los neófitos explicaré que, aún existiendo diferentes mapas en reflexoterapia, el dedo gordo del pie corresponde a la cabeza, y la base del mismo corresponde al cuello, situándose, en general, la glándula tiroides en esa zona, aunque puede expandirse hasta la articulación del primer metatarso con la falange. En cualquier caso, vinculamos la base del primer dedo con todo lo correspondiente al cuello, por lo que una anomalía (dolor, enrojecimiento, endurecimiento, crepitaciones) puede indicarnos una alteración a ese nivel. 

Pero es raro encontrar un signo tan claro y evidente como el que una de las clientas de Bio c'Bon vino a revelarme. En la pequeña anamnesis o interrogatorio previo al masaje (para prevenir contraindicaciones mayores) la clienta no mencionó enfermedades graves, sin embargo, al observar sus pies no pude menos que pensar en un bocio "reflejo" manifestado en las extremidades en lugar de en el cuello. Al preguntarle por el estado de su tiroides me respondió que, efectivamente, ella y todas las mujeres de su familia sufrían de una forma u otra de hipertiroidismo. Cuando le informé sobre la relación entre el punto del pie y la tiroides no se mostró sorprendida pues, me contó, que bajo estados de estrés, o cuando siente que sus niveles tiroideos se alteran, los pequeños bultos en sus dedos podales, se hinchan.

Después de casi veinte años de práctica reflexológica, no es que necesite más pruebas de las conexiones reflejas del cuerpo, pues he podido comprobar estos vínculos en repetidas ocasiones, tanto a nivel diagnóstico como terapéutico. Pero no puedo dejar de maravillarme cuando me encuentro con evidencias contundentes e irrefutables de este tipo, al margen de que un tratamiento reflexológico pueda ayudar a sanar o no una condición similar. Yo apuesto a que si.

En fin, celebro un año más la Semana Mundial de la Reflexoterapia con este regalo, mucho más que anecdótico, que reafirma mi convicción en la sabiduría del cuerpo, su manera de comunicar, si sabemos escucharle, y las posibilidades naturales y alternativas de abordar nuestra salud. 

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