miércoles, 31 de enero de 2018

Hidroterapia del colon y salud intestinal

También llamada irrigación colónica, la práctica de llenar el intestino grueso de agua mediante una cánula introducida en el ano con el objetivo de eliminar resíduos, puede parecernos un método intrusivo y extremo. Sin embargo, grandes son los beneficios que se derivan, y aquellos que han pasado por la experiencia, no dudan en repetir.


El colon 
El intestino grueso es un órgano de 1m 50cm aproximadamente, con un diámetro de entre 3 y 8 cm. Está recubierto interiormente de una mucosa formada pour una única capa de células de menos de un milímetro de espesor, y cambia de piel cada dos días. Es hogar de unos 100.000 millones de bacterias benéficas de 400 espécies distintas, que constituyen la flora intestinal, la cual transforma los alimentos y fabrica las vitaminas que no encontramos en la comida. Reabsorbe el 86% del agua en la materia fecal para formar heces óptimas, siendo este porcentaje muy preciso pues si la reabsorción se realiza tan sólo en un 82% o menos, el resultado será la diarrea, y si se realiza en un 88% o más, tendremos un cuadro de estreñimiento. En este último caso, una parte de las toxinas que deberían ser expulsadas en las heces, son reabsorvidas y se propagan, a través de la sangre, por todo el cuerpo. La flora intestinal es también responsable de un 70 a un 80% de nuestra inmuidad, por lo que un intestino en desequilibrio provoca una vulnerabilidad frente a la enfermedad.

En estado de equilibrio el colon evacua las heces tras cada comida, las cuales están bien formadas, no se pegan ni ensucian el ano a su expulsión y su olor es débil. La evacuación es fácil y re realiza de forma completa en unos 10 segundos, procurando una sensación de alivio, de ligereza y de bienestar. Este no es el caso para la mayoría de individuos, desafortunadamente pues una gran parte de enfermedades tiene una relación directa o indirecta con la toxicidad colónica. No en vano se dice que "el hombre cava su tumba con los dientes".

La irrigación colónica
Se trata de una forma de higiene intestinal que tiene como objetivo restaurar el buen funcionamiento de este órgano. A través de la introducción de agua en este, el último tramo del tubo digestivo, se consigue una promoción de los movimientos peristálticos, una relajación de la tensión que lo congestiona, y una liberación de residuos almacenados que intoxican el resto del cuerpo. A diferencia de una lavativa casera o de farmacia, la hidroterapia llega hasta el inicio del tramo ascendente del intestino grueso, siendo un aseo visceral en profundidad. Constituye, pues, una medida segura y eficaz (aunque un poco particular para los profanos) de limpiar el organismo y de paso, a nivel holístico, liberarse de las "porquerías" del pasado.

Antecedentes históricos
Ya en el s.IV a.c., Hipócrates (padre de la medicina) recomendaba limpiar el intestino en caso de fiebre. También a los egipcios se les atribuyen prácticas análogas a lo que conocemos hoy como irrigación colónica. A finales del s.XIX, los trabajos del Dr. Wood en los Estados Unidos renovaron el interés sobre esta técnica. Más adelante, en el s.XX el Dr. Bernard Jensen y el Dr. Kellogs también en los EEUU, como la Dra. Kousmin en la Unión Soviética, o el Dr. Jospeh Josifoff "Xantis" en Francia, continuaron investigando y desarrollando esta técnica siendo, en nuestros días, una práctica habitualmente recomendada por naturópatas y otros profesionales de la salud en todo el mundo.

Beneficios
Como comentado más arriba, el objetivo último de esta práctica es la desintoxicación del organismo, lo cual promueve una regeneración del cuerpo y de la mente resultando en una recuperación de la energía, en incluso una clarificación de las ideas y mejoría del estado de ánimo.Debido a la relación de la flora intestinal con la inmunidad, esta se ve fortalecida, pudiéndose dar una prevención del cáncer de colon así como una disminución de los efectos secundarios de la quimioterapia. La irrigación colónica contribuye igualmente a una re-educación del tránsito intestinal lo cual contribuye a la mejoría de la circulación sanguínea en la pelvis y en las piernas. Se produce también una acción benéfica sobre el hígado y los riñones, e incluso hay quién defiende que puede ayudar en la eliminación de cálculos biliares y renales, y edemas. La prevención de la sinusitis y anginas crónicas, la mejoría del estado de la piel, el alivio de dolores crónicos y reglas dolorosas y la preparación del cuerpo al embarazo, son otros efectos positivos que pueden derivarse de la limpieza intestinal.

Indicaciones
Por todo ello, la hidroterapia del colon está recomendad en casos de estreñimiento o diarrea, colon atónico, hemorroides benignas, diverticulitis y otros desequilibrios en que el colon está directamente implicado. Del mismo modo, los problemas digestivos como intoxicaciones alimentarias, insomnio por indigestión, micosis intestinal o la hinchazón y dolor abdominal pueden beneficiarse de esta práctica. Dada la relación de la flora intestinal con la inmunidad, una o dos irrigaciones colónicas al año pueden mejorar los casos de enfermedad autoimune. También los problemas circulatorios de las extremidades inferiores mejoran, al desbloquearse el estreñimiento, así como los edemas. Es una práctica común antes y después de un ayuno o cura depurativa, pues ayuda a eliminar deshechos y toxinas, y, finalmente, puede contribuir a una óptima recuperación post-parto.

Contraindicaciones
Sin embargo, como es el caso la mayoría de prácticas terapéuticas, no todo el mundo puede lanzarse en esta colónica aventura, pue existen determinados casos en los que no está recomendada la ducha rectal. En primer lugar, debe evitarse en caso de enfermedad grave del colon como son las hemorroides severas, los carcinomas, las fisuras o fístulas, la perforación intestinal, la necrosis post-radiación, o las patologías cólicas inflamatorias agudas. La presencia de una hernia abdominal así como una reciente cirugía en el colon, no son cuadros óptimos para realizar esta higiene, como no lo son los casos de problemas cardiacos, hipertensión, cirrosis hepática, insuficiencia renal, anemia importante o aneurismos. En caso de duda, es una buena idea consultar con un profesional de la salud.

La sesión de hidroterapia colónica

Suele durar una hora y media, y se inicia con una entrevista en la que se explora el estado de salud en general y los hábitos alimenticios en particular, así como la regularidad y calidad del tránsito intestinal. Tumbado en una camilla, el paciente tiene la opción de introducir la cánula en su esfinter anal él mismo, o permitir que el terapeuta lo haga. Esta cánula se extiende en dos tubos, uno de entrada y otro de salida, conectados a una una máquina que regula la presión del agua (bajo la supervisión del terapeuta), y drena los deshechos, los cuales pueden ser observados por una pequeña ventana en su pasaje hacia la evacuación. De esta no se deriva ningún olor. La máquina contiene también una pequeña salida que permite tomar una muestra fecal para su análisis, si necesario. La introducción de agua y su expulsión es acompañada por un masaje abdominal realizado por el terapeuta, que promueve la relajación y los movimientos peristálticos. Al final de la sesión, una visita al baño consigue rematar la expulsión de heces acumuladas.

Lejos de ser algo escatológico, la irrigación colónica es en general una experiencia agradable, si se dejan de lado los prejuicios, de la que se sale aliviado, ligero, tonificado y con bastante menos basura añeja en el cuerpo. Vale la pena.

lunes, 15 de enero de 2018

Aceites vegetales y Omega 3, 6 y 9 ¿cuál elegir?

Están en boca de todos, tanto literal como figuradamente: los aceites vegetales como el de oliva, de girasol o de chía son aliños cotidiano en nuestras mesas, y los omega 3, 6 y 9 rellenan foros y revistas de salud. La cuestión es, entre tanta opción y tanta recomendación a favor y en contra, ¿cuál elegir?



LÍPIDOS

Los lípidos, o materia grasa de los seres vivos, forman parte de la alimentación humana, junto con las proteínas, los glúcidos, las vitaminas y los minerales, y el organismo necesita de ellos, pues llevan a cabo funciones importantes como el almacenamiento de energía, el aislamiento térmico, o el transporte de las vitaminas liposolubles (A,D,E,K), entre otras. Se estima que el aporte diario recomendado de grasas es de 100 gramos por día para los hombres y 80 gramos para las mujeres.

Distinguimos, a groso modo, dos tipos de lípidos: por un lado están las grasas saturadas como la mantequilla, la grasa animal, el aceite de palma o el de coco, sólidas a temperatura ambiente y responsables, en parte, por un aumento de colesterol en sangre. Por otro lado están las grasas insaturadas, que promueven una tasa de colesterolemia sana, grupo que se subdividen en grasas mono-insaturadas, u Omega 9, no esenciales, pues el cuerpo tiene la capacidad de fabricarlas por él mismo, y grasas poli-insaturadas, o ácidos grasos esenciales Omega 3 y Omega 6, que el cuerpo no puede producir y es necesario aportar en la alimentación. Estas últimas se encuentran en la mayoría de aceites vegetales y en el aceite de pescado.

ÁCIDOS GRASOS 

Omega 3
Se trata del ácido alfa-linolénico o ALA, el ácido eicosapentanoico o EPA, y el ácido docoshexaénico o DHA. El ALA es un ácido graso Omega 3 de cadena corta y que, en un organismo sano, actúa como precursor del EPA y DHA, ácidos grasos Omega 3 de cadena larga, es decir, que ayuda al cuerpo a producir estos últimos, los cuales tienen diversas acciones beneficiosas para el ser humano, por las cuales son conocidos y apreciados: acción anti-inflamatoria y anti-alérgica, regulación del sistema cardio-vascular y del índice de colesterol en sangre, disminución de los triglicéridos, de la tensión arterial y de la agregación plaquetaria, mejoría del humor y del equilibrio psicológico en general.

Encontramos el ALA en diversos aceites vegetales como el aceite de cáñamo, de lino, de sésamo, de colza, de nuez, de trigo, de soja, de camelina de perilla, de chía o de comino negro.

Sin embargo, a partir de la cincuentena, a menudo el cuerpo pierde su capacidad de transformación de los Omega 3 de cadena corta en Omega 3 de cadena larga, por lo que es conveniente, sino necesario, consumir EPA y DHA, para poder beneficiarse de sus propiedades. Estos se encuentran mayoritariamente en el pescado graso como el salmón, el arenque, la caballa, las anchoas o las sardinas, como también en los crustáceos, moluscos y algas (como la espirulina).



Omega 6
Es el ácido linoléico o AL, precursor del ácido gama-linolénico o GLA, este último con acción hipocolesterolemiante (reduce los niveles de colesterol en sangre), regulación del sistema cardiovascular y del sistema nervioso. Sin embargo, un exceso de Omega 6 en la alimentación, lo cual suele darse a menudo, puede provocar problemas cardíacos, inducir inflamaciones y contribuir a la obesidad. Encontramos el AL en muchos aceites vegetales de uso cotidiano como el de oliva, maíz, semilla de uva o girasol. También está presente en los huevos y en la leche materna.

El ratio ideal de consumo de ácidos grasos esenciales  Omega 6 versus Omega 3 es de 1:5 es decir, cinco veces más Omega 3 que Omega 6. Por lo que el uso tan difundido del reputado aceite de oliva, rico en Omega 6, debería estar compensado por un aceite rico en Omega 3 como por ejemplo el aceite de colza. Aquellos a quienes la mención de este aceite pone los pelos de punta debido a la epidemia española en el 81, os animo a leer mi artículo "¿Se puede cocinar con aceite de colza?".

Omega 9
Se les considera no esenciales porque, como se indica más arriba, el cuerpo puede producirlos por sí mismos, y son grasas mono-insaturadas de acción benéfica en el sistema cardio-vascular, y de acción hipo-colesterolemiante, hipotensor y antioxidante. Son los ácidos oéico, gadoléico, erucido y nevrónico, presentes en el aceite de oliva, de cacahuete, de aguacate, de avellana, de almendra y de argán. También se encuentra en el Ghee, o mantequilla clarificada.


ACEITES VEGETALES

Una vez clarificada la maraña informativa sobre los omegas 3, 6 y 9, sus propiedades, y las diferentes opciones con que contamos, hay otros datos a tener en cuenta a la hora de elegir un aceite.

Aceite alimentario versus aceite cosmético
Podemos encontrar determinados aceites, como el aceite de aguacate, tanto en la estantería del supermercado como en la de la parafarmacia, en tamaños, presentaciones y precios muy distintos. Dada la nueva tendencia a fabricar cosméticos caseros con ingredientes naturales (tendencia a la que subscribo totalmente), corremos el riesgo de caer en la tentación de comprar un aceite alimenticio, en general bastante más barato que su homónimo cosmético, para nuestras preparaciones domésticas.

Lo que debemos saber es que un aceite, antes de poder ser comercializado debe pasar una serie de procesos que garanticen la seguridad del consumidor. Estos procesos son completamente distintos cuando el producto está destinado a la alimentación que cuando lo está para la aplicación cutánea. Por ejemplo, el aceite de argán alimentario suele ser el resultado de la presión de los frutos tostados, mientras que la torrefacción destruye ciertas propiedades que son convenientes para uso cosmético. Además, el dossier a completar por un productor de productos cosméticos es mucho más laboriosos y costoso que el que se precisa para comercializar un aceite de cocina, de ahí también su diferencia de precio.

Por último, el aceite se oxida un poco a cada contacto con el aire, por lo que el aceite cosmético se presenta en general en pequeñas botellas con dosificador para evitar que se enrancie.

Aceites hidrogenados
Existen aceites que a temperatura ambiente se solidifican de manera natural, como el aceite de coco,
lo que es conveniente si lo queremos untar en una tostada, por ejemplo, o aportar textura a la repostería. Sin embargo, existe igualmente un proceso artificial que solidifica los aceites para que estos puedan untarse y sean más resistentes al calor. Estas grasas transformadas se conocen también como ácidos grasos TRANS y son perjudiciales para la salud, pues promueven enfermedades cardio-vasculares, cáncer de seno y diabetes, aumentando los triglicéridos y disminuyendo el colesterol "bueno" HDL, la producción de esperma y el peso del bebé. Los encontramos en la mantequilla, el queso, la leche, la carne, la grasa animal, las margarinas vegetales, los agentes de textura de los platos precocinados y los conservantes contra la oxidación principalmente. Por lo que es conveniente evitarlos.

Punto de humo
Es la temperatura a partir de la cual los aceites o grasas empieza a humear y a descomponerse, produciendo un olor y sabor desagradables, además de substancias cancerígenas.

Los aceites vírgenes de primera presión en frío tienen un punto de humo en general bajo, es decir, se enrancian antes en contacto con el calor, y los aceites refinados tienen un punto de humo alto, y aguantan bien la cocción. Es por ello que, por más saludable que sea el aceite de oliva virgen, procedente de la agricultura biológica o no, no debemos usarlo para freír, pues resulta nocivo para la salud. Es más conveniente utilizar un aceite destinado a "frituras", que a menudo se trata de aceite de girasol de buena calidad, parcialmente refinado. En la actualidad, los aceites que encontramos en las tiendas de productos ecológicos, indican en sus etiquetas el uso al cual el aceite está destinado.

Con este puzzle de datos oleicos, ya podemos crear sanos y sabrosos aderezos, combinaciones culinarias mágicas y nutritivas que alegren nuestras ensaladas, purés y tostadas.

sábado, 6 de enero de 2018

Flores de Bach y Nutrición XXI: Mustard, dulce consuelo.

Como una nube que nos atraviesa, el estado Mustard es una tristeza sin orígen concreto, que aparece y desaparece sin más, y que constituye el terreno de cultivo perfecto, por no decir la excusa perfecta, para hábitos alimenticios poco adecuados y dañinos para la salud. 




La mayoría de nosotros hemos pasado, con mayor o menor frecuencia por este tipo de situación: el blues nos atrapa y, en pleno bajón de moral, vamos directos a la nevera a echar mano no de una manzana o una zanahoria, sino de aquello que pueda contener más azúcar, grasa o harina blanca.

Olvidamos que este tipo de "alimentos" (que no merecen realmente ser nombrados como tal), lejos de compensar ninguna carencia, retro-alimentan el problema: el azúcar provoca un descenso de los glóbulos blancos (defensas), por lo que, a la larga, nos sentimos más débiles, y la grasa y la harina blanca engordan, lo que supone un ataque a nuestra autoestima. Además, este tipo de substancias son adictivas, lo que lleva a la reincidencia y al establecimiento de costumbres poco saludables, produciendo al final verdaderos motivos para estar triste.

Sin embargo, está socialmente justificado este círculo vicioso e incluso resulta graciosa la imagen de una despechada "Bridgite Jones" atiborrándose de helado, envuelta en su edredón, delante de la tele. Conocía una vez a alguien que llamaba a los bombones "ansiolíticos", lo cual me parece una asociación ingeniosa pero a la vez lamentable. Pues lo cierto es que no tiene nada de sano ni de digno ni de positivo, caer en una autocompasión que nos lleve a castigarnos con chucherías. Al fin y al cabo, nuestro pobre cuerpo no tiene la culpa de nada.

Mustard puede echarnos una mano en este caso, y ayudarnos a aprovechar esta caprichosa melancolía para hacer algo más constructivo que darse un atracón, como por ejemplo escribir un trite y lírico poema, pintar un nostálgico paisaje, o simplemente apreciar la belleza de un lluvioso día de otoño, en un estado de paz interior.